jueves, 23 de febrero de 2023

¿Cómo? ¿Amaneciste?

Empiezas esa bonita relación con el corazón galopándote adentro y muchas ganas de correr como venaditos por la pradera, con esa personita especial.

Las primeras noches juntos son las mejores (no hace falta dar detalles, cochinos). Al día siguiente, el sol los descubre en el lecho, mientras ustedes se miran a los ojos al despertar, para preguntarse tiernamente: “¿Cómo amaneciste?”.

¿En qué momento cambian las cosas y surgen todas esas horripilantes canciones de desamor? Lo que te cautivaba, ahora te castra la paciencia y se vuelve un motivo para declararle la guerra a esa persona medianamente especial. ¿En qué resoplo del tiempo despiertas, miras a quien yace a tu lado y le preguntas: “¿Cómo? ¿Amaneciste?”.

Ni la ciencia ha demostrado en qué instante todo se empieza a desmoronar. Es una línea invisible, como la del amor y el odio, la vida y la muerte, el café con pan y la nata con moronitas, que no vemos ni sentimos. Simplemente la cruzamos sin darnos cuenta y cuando menos lo esperas, ya duermes en otro lado preguntándote qué pasó.

Esa línea, ese cruce imaginario, se llama Rutina y debería estar compendiado en los bestiarios de animales sanguinarios que buscan destruir a la raza humana. Hay que darle el crédito, eso sí, porque es la creatura más inclusiva de la Historia: no discrimina estrato social, sexo ni preferencias, edades o creencias. Se ocupa de todos. Es como una manchita verde que aparece en la pared y de pronto, cuando reparas en su existencia, ya tienes todo un ecosistema atentando contra tu nariz.

Es cierto que nadie nos enseña a convivir y que muchas veces nos llevamos lo mal aprendido en la casa hacia la nueva morada. Y pues nada, chifló a su flauta la pradera, con todo y venaditos.

Diario, con él o con ella, se trata de elegirse mutuamente. La aceptación de la otra entidad desconocida, pero amada, se forja todos los días.

Si no, pregúntame dónde está mi pantufla. ¡Uf!

miércoles, 15 de febrero de 2023

De vuelta a las andadas

Hace tiempo cultivé un espacio en esta red, donde vertía profundas reflexiones sobre el mundo, un lugar que muchas veces no comprendo. Me servía para desahogarme, para darle voz a los que no se atrevían a hablar, por miedo al castigo o a reprobar la materia. Luego me cansé, me quise retirar a meditar y a vivir en paz.

Pero no me dan chance.

Así que después de recibir muchas cartas de mis admiradores, pidiéndome que regresara (en realidad sólo una, pero no lo digan tan fuerte), pues aquí estoy de nuevo.

A dónde iré, de qué hablaremos..., ya lo iremos resolviendo. Pero siempre con ánimo de molestar a alguien. Sin embargo, que quede clara una cosa: aquí no se discrimina a nadie. Y así pues, mientras nos tomamos un café, cuéntame: ¿dónde diablos está mi pantufla?

No te salgas de la raya

 Cuando éramos niños y nos enseñaban a colorear, siempre nos recomendaban “No te salgas de la raya”, así aprendíamos a establecer límites, a...